lunes, 10 de agosto de 2020

“El jabalí logra escaparse del cuadro” (Reseña sobre “Hospital del viento”, de Paul Guillén)



“Hospital del viento” (México: Proyecto literal, 2017) de Paul Guillén (Ica, 1976) es un título que evoca lamentos, cuerpos dolientes que emiten sollozos, gemidos, como chillidos de jabalíes perseguidos, huyendo para no ser devorados.

La animalidad de este sujeto poético evita la idealización, la domesticación por parte de la cultura, que suele controlar todos los ámbitos del individuo, dominándolo, juzgándolo. Por supuesto también el que atañe al cuerpo. Dirá el poeta en un pasaje: “el jabalí logra escaparse del cuadro – y corre por los pasillos – los guardias y los visitantes tratan de agarrarlo – pero el jabalí se resbala con sus patas – y corre más rápido – se escabulle, gruñe y muestra los colmillos”.

Se percibe lo primitivo, lo originario, que busca sentir al mundo sin mediaciones, a través de los sentidos. Se afirma en esa evasión de la realidad. Pero el mundo exterior lo cerca y atrapa; y su cuerpo siente el rigor, como una condena. Ahí nace el lenguaje, que lo torna en criatura salvaje. Condena que lo expulsa del paraíso. Adán, conoce la maravilla de ese mundo primigenio, pero a su vez sufre ese desamparo. Guillén dirá en otra parte de HDV: “Siento que voy a reventar de tanto alcohol, pero mi ojo neblinoso aún sigue viendo tu rostro, perdido como Adán en la nada”.

Esa relación con lo primitivo, encuentra su poder de influencia en lo primigenio, expresado en imágenes que se expanden desde el mundo natural. Allí resuenan alguna poéticas, como las de: “Thalassa oh Thalassa” de Haroldo Campos,  “Las Comarcas” de Juan Gonzalo Rose, “Imágenes de Crusoe” de Saint John Perse, en aquello que atañe a la naturaleza como espacio originario de seducción y gestación continuas. Perse por ejemplo, dirá en un pasaje algo que me recuerda HDV: “El lienzo de muro está enfrente, para conjurar el círculo de tu sueño. Pero la imagen lanza su grito. La cabeza contra una oreja del sillón grasiento, exploras tus dientes con tu lengua: el sabor de las grasas y las salsas infecta tus encías. Y sueñas con las nubes puras sobre tu isla, cuando el alba verde crece lúcida en el seno de las aguas misteriosas”

“La imagen lanza su grito”… Lo mismo sucede en “Hospital del viento”, donde los textos se presentan desde sus diferentes elementos, como cuadros sobre las paredes de este nosocomio, que termina  fungiendo como un museo, donde se exponen estas imágenes en forma de escrituras  (verso, prosa, ensayo) o fotografías, con tomas de cuerpos intervenidos, violentados (sexual, política, cultural, lingüísticamente).

Dentro de la relación que se establece con la naturaleza como espacio de fuerza y poder auténticos, es que figura entre otros, el universo andino (donde Gamaliel Churata también interactúa con su poética), como un lugar constante en la obra de Guillén, con intermediarios como el zorro o el puma (que también figuran en otros libros suyos. Viene a colación el emblemático poema “El inca negro” de su libro “Historia secreta”) todo un tema que entra en consonancia con otros referentes, digamos clásicos, y que configuran su universo poético.                                                                                                       

A este punto puedo identificar tres temas centrales, signados por la relación “naturaleza- fuerza primigenia“, “cuerpo intervenido” y el tema de “la guerra” (relación con la realidad como con una guerra) desde los cuales el libro se va desarrollando.


Esta guerra se realiza en la jungla de la naturaleza, pero también en una de cemento. El sujeto poético por tanto, está expuesto a desaparecer en cualquier momento, ahí radica parte del meollo del significado del viento, y su capacidad de arrasar lo que aparece en su camino.

El sujeto frente a esta realidad tan fuerte, aparece afectado, corporal y simbólicamente. Esta afectación se dinamiza tras los efectos del alcohol y las drogas. Es un dejarse llevar por el viento hacia lugares impredecibles. Poética que remite a otros referentes de nuestra tradición como “Amanecidas violentas de mundos” de José Pancorvo en sus desvíos controlados.

Se genera una especie de destrucción/ regeneración, a través del sacrificio: “¿Qué es la belleza?, y no puedes mejorarla como frase, pero esa es la realidad: chocar con la belleza de una manera horripilante” o este título de otro texto de HVD en el mismo tenor: “LA HISTORIA DEL PERÚ SE RESUMIRÁ A COMO SE DESTRUYE UN POETA”.

Uno de los aspectos que caracteriza la obra del Paul Guillén es ese estilo, bronco, sucio, que se contrapone a lo que la poeta Victoria Guerrero llamara como: poesía higiénica. Más bien va contra ese estilo pulcro y cuidado. La de Guillén es una poesía salvaje, con líquido amniótico encima, sangre, semen, sudor. Esto es casi marca registrada de la misma. La imagen chilla y escapa del cuadro.

Es a partir de esta poética bronca, desplegada a través de una selva de signos, que se desarrolla también, la propuesta neobarroca de Guillén. Una germinación y fuerza similar por momentos, a la del rioplatense Néstor Perlongher en su conocido “Cadáveres”, que se puede percibir, en la multiplicidad de referentes empleados y la relación que se establece entre circunstancias citadinas con léxico culto por momentos, que signan unas de las líneas más identificables de la obra del autor de “La transformación de los metales”.